Como mujer y madre de una niña, tengo una ardua labor por delante como es el hecho de inculcarle una serie de valores y una educación en la igualdad de género.
Eligiendo caminos hacia la igualdad desde el nacimiento evitando tradiciones tan arraigadas pero sexistas, algo tan sencillo como el hecho poner pendientes a las niñas como método diferenciador de género.
Algo tan inofensivo como el uso de colores monocromáticos como distinción de sexo desde tan temprana edad, que a día de hoy se sigue dando en la mayoría de tiendas nos hace ver que aún queda mucho por recorrer.
Del mismo modo seguimos encontrando en las tiendas de juguetes y durante las campañas de navidad un foco bidireccional dirigido a niñas o niños en función del tipo de juguete a promocionar.
Por suerte cada vez hay más concienciación al respecto y se ve la intencionalidad del cambio aunque muy vagamente desde mi punto de vista.
Por tanto es muy importante comenzar a inspirar en el camino hacia la igualdad desde muy temprana edad a ambos sexos, ya no solo dando una serie de valores en cuanto al género, también en muchos otros campos, educando en la tolerancia y el respeto a la diversidad que vivimos día a día, hacer un uso adecuado del lenguaje haciéndolo más inclusivo puesto que irracionalmente y debido a la normalización que se ha hecho de su mal uso a veces cuesta distinguirlo del correcto.
Por soñar despiertos me gustaría que las próximas generaciones no tengan la necesidad de aprender qué es la igualdad o que significa vivir en un mundo justo y tolerante, sé que es una utopía pero a lo largo de los años ya hemos visto cambios significativos, quizás no al ritmo que nos gustaría desde luego, pero entre todos se puede lograr mucho.
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